lunes, 6 de octubre de 2014

LA METAFÏSICA

Desde la semana pasada hemos comenzado un nuevo registro de las preguntas por el ser, en este caso nos adentramos por los lugares transitados por el discurso de la metafísica. Se trata de un discurso trasnochado? se trata de una forma de la filosofía? es acaso una forma de pensamiento? que relación tiene con el arte en estos momentos cuando todo parece estar dicho?

El discurso de la metafísica tiene un orígen accidentado, no obstante tiene unos momentos históricos de gran desarrollo en el pensamiento occidental y tiene también unos declives y momentos de poca reflexión, pero también contiene unos momentos críticos de reaparición que cuestionan los discursos que lo han revisado y la necesidad de coda momento de la modernidad por salir de ella y declararla un discurso del pasado provocan nuevos develamientos y capas de su presencia en nuestra experiencia e imaginación.

Instalados en un territorio que necesariamente provoca la formación de licenciados en artes surge la pregunta por el principio de individualidad (Nietzsche / Schopenhauer), que parte de las relaciones que construimos con lo sagrado, lo divino y la locura ( Colli); de las cuales deviene una forma singular de la sabiduría;  para transitar ahora por el lugar en que históricamente hemos relacionado nuestra imaginación con las cosas del mundo y de allí con el sistema de mundo imaginado colectivamente.

Cada arte responde a su época (Hegel) pero y como cada época ha develado a través del arte y la ciencia su relación con lo posible, leemos las diversas formas de locura de sus artistas para acercarnos a todo aquello que se escapa a nuestra experiencia; rutas posibles emergen entonces en la metafísica; esa incesante  y constante pregunta por el ser que deviene en nuestro siglo con nuevos embates críticos, los mismos que enriquecen el lugar del licenciado en artes con alternativas de reflexión, acción y participación.

Se propone por tanto introducirnos en la lectura que sobre el tema desarrolla José Luis Pardo en su texto: "La Metafísica". asunto que ocupara nuestras clases en estas dos semanas. Espero que se abra a nuevas reflexiones y que podamos transitar los mecanismos de subjetivación que activa la pregunta por el ser, lugar en el cual el concepto de Arte deviene constantemente con cambios de registro.

martes, 16 de septiembre de 2014

El Nacimiento de la filosofía

http://pioneros.puj.edu.co/lecturas/interesados/ORIGEN%20FILOSOFIA.pdf

Para la clase del Jueves 18 se septiembre es necesario haber leído El primer Capítulo: La Locura es la Fuente de la Sabiduría.

Para La clase del Martes 23 de Septiembre haber leído el segundo capítulo: La Dama del Laberinto

Para la Clase del Jueves  25 de septiembre haber leído el tercer capítulo: EL Dios de la Adivinación

Para el Martes 30 de Septiembre Haber leido el cuarto capítulo: El Desafío del enigma.

El jueves 2 de octubre se hace una segunda evaluación a partir la lectura de estos cuatro capítulos. con un ensayo quer debe comenzar a escribirse a partir de esta semana.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Clase del 4 de septimebre planteamientos segundo equipo

Osmer:   La apariencia y los sueños, el momento de contemplar la realidad como apariencia, esta se leee también como apariencia, se configura una relación con la realidad empírica.uart

Primer Idea: El sueño como apariencia de la apariencia.

Segunda idea: El artista ingeneuo como alguien mesurado

Tercer idea: La fusión entre lo apolíeno y lo dionisiaco en la tragedia ática

Cuarta idea: vivimos en una constante apariencia.

Quinta idea: Una diferencia entre el artista ingenuo y el artista que trasciende y se aleja de la apariencia.

Sexta idea: el principio de individuación en el artista

Sétima idea: Divinización del principio de individuación, el individuo inmerso en la contmeplación

Octava Idea: la visión onñirica produce un placer profundo e íntimo.



Sobre la clase del 4 de Septiembre planteamientos primer equipo

Cintya 3  Lo trágico y porque se crea en el arte griego. Lo trágico surge de la desconfianza en los dioses y en el mundo mismo, es por lo tanto una desconfienza de los poderes titánicos de la naturaleza, Esto se enlaza a la forma como se caracterizan los héroes griegos que siempre enfrentan su miedo a la muerte
                 
Estefanía 3     La escultura griega refleja el mundo de los dioses y el mundo onírico. Es necesario desglosar las causas por las cuales los griegos configuraron una cultura de dioses, en donde la belleza fue un elmento importante. En este sentido Nietzsche lee a Apolo como el padre de la cultura. pues el identifica la belleza griega.

Yamith 3 El mundo cristiano como lee o entiende la cultura griega.
             
Sirley 3   Los griegos necesitaron a los dioses para poder vivir. Como una sublimación del sufrimiento, pues en ella se caracterizó su imagen de lo humano por ello caracterizaron la vida y la muerte, en el sufrimiento también encontraron su nexo con la sabiduría.
                    
Camila 3  Schiller, lo ingenuo, dentro del arte se hacen supremas las cosas y se les permite dar una imagen de perfección a las cosas inventadas esto los relaciona con la ingenuidad. pues en ella se aparece oculto el mundo de lo imperfecto.                 

Kelly 3     Ampliar un aspecto de la ingenuidad, pues ella es una victoria sobre la ilusión de lo apolíneo, La relación con la muerte y la condición de lo trágico. La relación con el concepto de naturaleza en lo griegos.                

Juan Fer    3 A través del arte se diviniza al hombre como una apareincia, el hombre se crea una apariencia para poder seguir vivos, Exhatltarse para poder reconocer el lugar de lo bello sin que ello sea desde una sola condición sino en una multiplicidad de acciones. Esto con el fín de liberarse.
               
Rebuén D   3  El sufrimiento inventado en la sociedad, sublimar el sufrimiento. Exhaltando las características humanas.

Cristina: La voluntad, lugar en donde se crea la tragedia, donde se origina la belleza, es el lugar de la confrontación con sigo mismos.    

     

IV. IV La relación entre el mundo mítico y la idea de arte

Hasta aquí he venido desarrollando ampliamente la observación hecha por mí al comienzo de este tratado: cómo lo dionisíaco y lo apolíneo, dando a luz sucesivas criaturas siempre nuevas, e intensificándose mutuamente, dominaron el ser helénico: cómo de la edad de «acero», con sus titanomaquias y su ruda filosofía popular, surgió, bajo la soberanía del instinto apolíneo de belleza, el mundo homérico, cómo esa magnificencia «ingenua» volvió a ser engullida por la invasora corriente de lo dionisíaco, y cómo frente a este nuevo poder lo apolíneo se eleva a la rígida majestad del arte dórico y de la contemplación dórica del mundo. Si de esta manera la historia helénica más antigua queda escindida, a causa de la lucha entre aquellos dos principios hostiles, en cuatro grandes estadios artísticos: ahora nos vemos empujados a seguir preguntando cuál es el plan último de ese devenir y de esa agitación, en el caso de que no debamos considerar tal vez el último período alcanzado, el período del arte dórico, como la cumbre y el propósito de aquellos instintos artísticos: y aquí se ofrece a nuestras miradas la sublime y alabadísima obra de arte de la tragedia ática y del ditirambo dramático como meta común de ambos instintos, cuyo misterioso enlace matrimonial se ha enaltecido, tras prolongada lucha anterior, en tal hijo - que es a la vez Antígona y Casandra -.

IV. III La desmesura, la mesura y la consideración de lo bárbaro

«Titánico» y «bárbaro» parecíale al griego apolíneo también el efecto producido por lo dionisíaco: sin poder disimularse, sin embargo, que a la vez él mismo estaba emparentado también íntimamente con aquellos titanes y héroes abatidos. Incluso tenía que sentir algo más: su existencia entera, con toda su belleza y moderación, descansaba sobre un velado substrato de sufrimiento y de conocimiento, substrato que volvía a serle puesto al descubierto por lo dionisíaco. ¡Y he aquí que Apolo no podía vivir sin Dioniso! ¡Lo «titánico» y lo «bárbaro» eran, en última instancia, una necesidad exactamente igual que lo apolíneo! Y ahora imaginémonos cómo en ese mundo construido sobre la apariencia y la moderación y artificialmente refrenado irrumpió el extático sonido de la fiesta dionísiaca, con melodías mágicas cada vez más seductoras, cómo en esas melodías la desmesura entera de la naturaleza se daba a conocer en placer, dolor y conocimiento, hasta llegar al grito estridente: ¡imaginémonos qué podía significar, comparado con este demónico canto popular, el salmodiante artista de Apolo, con el sonido espectral del arpa! Las musas de las artes de la «apariencia» palidecieron ante un arte que en su embriaguez decía la verdad, la sabiduría de Sileno gritó ¡Ay! ¡Ay! a los joviales olímpicos. El individuo, con todos sus límites y medidas, se sumergió aquí en el olvido de sí, propio de los estados dionisíacos, y olvidó los preceptos apolíneos. La desmesura se desveló como verdad, la contradicción, la delicia nacida de los dolores hablaron acerca de sí desde el corazón de la naturaleza. Y de este modo, en todos los lugares donde penetró lo dionisíaco quedó abolido y aniquilado lo apolíneo. Pero es igualmente cierto que allí donde el primer asalto fue contenido, el porte y la majestad del dios délfico se manifestaron más rígidos y amenazadores que nunca. Yo no soy capaz de explicarme, en efecto, el Estado dórico y el arte dórico más que como un continuo campo de batalla de lo apolíneo: sólo oponiéndose de manera incesante a la esencia titánico-bárbara de lo dionisíaco pudieron durar largo tiempo un arte tan obstinado y bronco, circundado de baluartes, una educación tan belicosa y ruda, un sistema político tan cruel y desconsiderado.

IV. II Conocéte a ti mismo

Esta divinización de la individuación, cuando es pensada como imperativa y prescriptiva, conoce una sola ley, el individuo, es decir, el mantenimiento de los límites del individuo, la mesura en sentido helénico. Apolo, en cuanto divinidad ética, exige mesura de los suyos, y, para poder mantenerla, conocimiento de sí mismo. Y así, la exigencia del «conócete a ti mismo» y de «¡no demasiado!» marcha paralela a la necesidad estética de la belleza, mientras que la autopresunción y la desmesura fueron reputadas como los demones propiamente hostiles, peculiares de la esfera no-apolínea, y por ello como cualidades propias de la época pre-apolínea, la edad de los titanes, y del mundo extra-apolíneo, es decir, el mundo de los bárbaros. Por causa de su amor titánico a los hombres tuvo Prometeo que ser desgarrado por los buitres, en razón de su sabiduría desmesurada, que adivinó el enigma de la Esfinge, tuvo Edipo que precipitarse en un desconcertante torbellino de atrocidades; así es como el dios délfico interpretaba el pasado griego.