martes, 21 de octubre de 2014

Hacer de la vida una obra de Artes

El pensamiento de Epicuro, plantea un primer alejamiento de la metafísica. A partir de las ideas propuestas por Epicuro, plantear una reflexión sobre la idea de hacer de vida : arte.

martes, 14 de octubre de 2014

Sobre la clase del dia 14 de Octubre de 2014 La Metafísica de Aristóteles.

Los recursos visuales presentados en la clase se presentan en el siguiente apartado de manera descendente, para que sean visualizados desde la primera a la última. El contenido de los mismos hace parte de la interpretación del texto de la metafísica de José Luis Pardo; desde el cual realizo algunas acotaciones y remito en algunos apartados para que el estudiante amplíe su información y profundice en dicho tema, pues el autor advierte desde el principio que asumir de manera resumida el tratamiento de la metafísica implica olvidos y esquematizaciones. Espero que tanto el documento entregado en físico y las notas y gráficos presentados en el blog sirvan de guía para que el estudiante profundice y expanda sus inquietudes sobre el tema.
















Les recuerdo que para la clase del Jueves 16 de Octubre es necesario que amplien su estudio de estos tópicos de la metafísica y que luego de abordar la propuesta de Humanismo que se planteó en la clase pasada en la lectura de Pico de la Mirándola, es necesario que hagan algunas acotaciones sobre:

El telos de la metafísica de Aristóteles











Escultura y Renacimiento

http://www.zimoun.net/

https://www.youtube.com/watch?v=iwtsqgPbCso&feature=em-share_video_in_list_user&list=PLCD04E0EC72E796EA

https://www.youtube.com/watch?v=W9vBnScZx9E&feature=em-share_video_user

jueves, 9 de octubre de 2014

(La Metafísica) Pico de la Mirándola.

Cual fue su propuesta de humanismo?
De que manera se articula al desarrollo de la metafísica en el renacimiento?
Porque es una propuesta diferente en el marco de este desarrollo de la metafísica?


Esta tarea se articula a la lectura que estamos haciendo del primer capítulo de la metafísica de J. L. Pardo.

martes, 7 de octubre de 2014

LECTURA DE BLOGS

He comenzado de leer de abajo para arriba cada blog. Espero que se acojan los comentarios. Faltan en muchos casos reflexiones sobre el texto de J. Colli. esta semana sigo hacia arriba con el Blog de un sujeto educado.

Recomiendo ver el video sobre la creación que tiene el Blog de Daniela Muñoz, se que existe una versión completa del mismo que dura aproximadamente 48 min, y que pueden ser utilizados en algún momento para verlo. Es por demas muy interesante en algunos aspectos del "sueño de los otros", en la reflexión que aborda sobre "arte y comunicación" y en la posición del arte como "acto de resistencia a la muerte". espero que puedan comentar este video, si les llega a interesar.

La Geomteria del Universo y la medida de lo humano, v{inculos entre el ser y el sentido de lo divino

Una ciencia del ser en cuanto ser, llamada hoy ontología tiene su orígen en las preguntas que instala la metafísica en sus formas primeras.  No obstante también fue una disciplina que quiso hacer una ciencia del ser "en sentido propio y superior", que con todo derecho se llamó teología.      (Pardo J.L.:pág 20:2006)

lunes, 6 de octubre de 2014

…la metafísica de Aristóteles: … es indicadora de todo lo que viene después (de la física), y que se encuentra más allá de lo percibido

En el tratado filosófico de Aristóteles, es llamada Filosofía primera y Teología, aparecen referencias a la Metafísica como la ciencia del ser, y trata de indagar las primeras causas y principios de las cosas, la naturaleza íntima y el destino de los seres.


En algunos fragmentos de la metafísica, esta aparece ligada a una teología; posiblemente esta sea una de las formas mas antiguas de pensar en ella.

Es posible que en la antigüedad la palabra metafísica estuviese vinculada a la clasificación de algunos textos de Aristóteles; colección que surgió de la necesidad de ubicar en un lugar aquello temas relacionados con los problemas sin solución de la física: esto quiere decir que se abordaron asuntos de índole transfísica (como relacionamos las cosas) e hiperfísica (como transitamos de lo general a lo particular); en cada proceso y sobre cada pregunta de la física es posible que cada tópico mencionado se presente en diversos momentos históricos con un renovado interés.  

Ahora bien, debido -tal ves a estas cuestiones-,  es posible que la física, que de modo sistemático fue una preocupación científica-filosófica, halla provocado exigencias de vinculo con lo teológico. Cada época tiene este nexo relacionado de maneras diversas e interesantes; sobre este asunto Aristóteles no fue ajeno y en su momento se acercó a dicho problema; más aún porque en el pensamiento griego se dio una objetivación de los dioses de manera tal que dieron a su imaginación también la misma dimensión posible de la locura en la divinidad; trayecto que puso en crisis al pensamiento religioso en favor de una reflexión por el ser. Es posible entonces que en este marco la metafísica se convirtiese en una disciplina exigentemente sistematizada, en la cual se organizaron todos los discursos que el pasado griego había propuesto sobre el ente y sobre la cual se hicieron clasificaciones y jerarquías de significación; esto provocó un discurso metafísico con diversas líneas de especialización.

Ahora bien; no siempre es posible identificar al interior de estas rigurosas líneas de acercamiento al ente una condición metafísica; pues cada una pretende resolver los problemas de la física; así la pregunta que subjetivo lo divino en la imaginación se hace distante, se oscurece y aparece rechinando el principio de realidad. En este estadio acecha de manera a-crítica la relación entre la física y la metafísica. Dibujadas así las primeras líneas de la metafísica y debilitándose en sus contornos para beneficio de la rigurosidad científica de todo discurso, podrán entonces diversas épocas considerar que este discurso es un género literario- filosófico o una forma performatizada del discurso filosófico que ha dejado de ser posible. 

Hoy que las distancias entre arte y ciencia parecen ser subsumidas por esta última y que las consideraciones de desconocimiento del trabajo del arte en contextos de investigación son pensadas en modo de episteme, nuestra época no es diferente a este ocultamiento de la metafísica; (esa señora ruidosa que habla en tono de locura al mundo posible) haciendo que nuestro presente se relacione con el discurso quizás con problemas semejantes desde hace mas de dos mil años.  Los cual  como señala J. L. Pardo hace que: " .... el tema de la problematización de la mera posibilidad de la metafísica, sea  quizás tan antiguo como la misma metafísica".







LA METAFÏSICA

Desde la semana pasada hemos comenzado un nuevo registro de las preguntas por el ser, en este caso nos adentramos por los lugares transitados por el discurso de la metafísica. Se trata de un discurso trasnochado? se trata de una forma de la filosofía? es acaso una forma de pensamiento? que relación tiene con el arte en estos momentos cuando todo parece estar dicho?

El discurso de la metafísica tiene un orígen accidentado, no obstante tiene unos momentos históricos de gran desarrollo en el pensamiento occidental y tiene también unos declives y momentos de poca reflexión, pero también contiene unos momentos críticos de reaparición que cuestionan los discursos que lo han revisado y la necesidad de coda momento de la modernidad por salir de ella y declararla un discurso del pasado provocan nuevos develamientos y capas de su presencia en nuestra experiencia e imaginación.

Instalados en un territorio que necesariamente provoca la formación de licenciados en artes surge la pregunta por el principio de individualidad (Nietzsche / Schopenhauer), que parte de las relaciones que construimos con lo sagrado, lo divino y la locura ( Colli); de las cuales deviene una forma singular de la sabiduría;  para transitar ahora por el lugar en que históricamente hemos relacionado nuestra imaginación con las cosas del mundo y de allí con el sistema de mundo imaginado colectivamente.

Cada arte responde a su época (Hegel) pero y como cada época ha develado a través del arte y la ciencia su relación con lo posible, leemos las diversas formas de locura de sus artistas para acercarnos a todo aquello que se escapa a nuestra experiencia; rutas posibles emergen entonces en la metafísica; esa incesante  y constante pregunta por el ser que deviene en nuestro siglo con nuevos embates críticos, los mismos que enriquecen el lugar del licenciado en artes con alternativas de reflexión, acción y participación.

Se propone por tanto introducirnos en la lectura que sobre el tema desarrolla José Luis Pardo en su texto: "La Metafísica". asunto que ocupara nuestras clases en estas dos semanas. Espero que se abra a nuevas reflexiones y que podamos transitar los mecanismos de subjetivación que activa la pregunta por el ser, lugar en el cual el concepto de Arte deviene constantemente con cambios de registro.

martes, 16 de septiembre de 2014

El Nacimiento de la filosofía

http://pioneros.puj.edu.co/lecturas/interesados/ORIGEN%20FILOSOFIA.pdf

Para la clase del Jueves 18 se septiembre es necesario haber leído El primer Capítulo: La Locura es la Fuente de la Sabiduría.

Para La clase del Martes 23 de Septiembre haber leído el segundo capítulo: La Dama del Laberinto

Para la Clase del Jueves  25 de septiembre haber leído el tercer capítulo: EL Dios de la Adivinación

Para el Martes 30 de Septiembre Haber leido el cuarto capítulo: El Desafío del enigma.

El jueves 2 de octubre se hace una segunda evaluación a partir la lectura de estos cuatro capítulos. con un ensayo quer debe comenzar a escribirse a partir de esta semana.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Clase del 4 de septimebre planteamientos segundo equipo

Osmer:   La apariencia y los sueños, el momento de contemplar la realidad como apariencia, esta se leee también como apariencia, se configura una relación con la realidad empírica.uart

Primer Idea: El sueño como apariencia de la apariencia.

Segunda idea: El artista ingeneuo como alguien mesurado

Tercer idea: La fusión entre lo apolíeno y lo dionisiaco en la tragedia ática

Cuarta idea: vivimos en una constante apariencia.

Quinta idea: Una diferencia entre el artista ingenuo y el artista que trasciende y se aleja de la apariencia.

Sexta idea: el principio de individuación en el artista

Sétima idea: Divinización del principio de individuación, el individuo inmerso en la contmeplación

Octava Idea: la visión onñirica produce un placer profundo e íntimo.



Sobre la clase del 4 de Septiembre planteamientos primer equipo

Cintya 3  Lo trágico y porque se crea en el arte griego. Lo trágico surge de la desconfianza en los dioses y en el mundo mismo, es por lo tanto una desconfienza de los poderes titánicos de la naturaleza, Esto se enlaza a la forma como se caracterizan los héroes griegos que siempre enfrentan su miedo a la muerte
                 
Estefanía 3     La escultura griega refleja el mundo de los dioses y el mundo onírico. Es necesario desglosar las causas por las cuales los griegos configuraron una cultura de dioses, en donde la belleza fue un elmento importante. En este sentido Nietzsche lee a Apolo como el padre de la cultura. pues el identifica la belleza griega.

Yamith 3 El mundo cristiano como lee o entiende la cultura griega.
             
Sirley 3   Los griegos necesitaron a los dioses para poder vivir. Como una sublimación del sufrimiento, pues en ella se caracterizó su imagen de lo humano por ello caracterizaron la vida y la muerte, en el sufrimiento también encontraron su nexo con la sabiduría.
                    
Camila 3  Schiller, lo ingenuo, dentro del arte se hacen supremas las cosas y se les permite dar una imagen de perfección a las cosas inventadas esto los relaciona con la ingenuidad. pues en ella se aparece oculto el mundo de lo imperfecto.                 

Kelly 3     Ampliar un aspecto de la ingenuidad, pues ella es una victoria sobre la ilusión de lo apolíneo, La relación con la muerte y la condición de lo trágico. La relación con el concepto de naturaleza en lo griegos.                

Juan Fer    3 A través del arte se diviniza al hombre como una apareincia, el hombre se crea una apariencia para poder seguir vivos, Exhatltarse para poder reconocer el lugar de lo bello sin que ello sea desde una sola condición sino en una multiplicidad de acciones. Esto con el fín de liberarse.
               
Rebuén D   3  El sufrimiento inventado en la sociedad, sublimar el sufrimiento. Exhaltando las características humanas.

Cristina: La voluntad, lugar en donde se crea la tragedia, donde se origina la belleza, es el lugar de la confrontación con sigo mismos.    

     

IV. IV La relación entre el mundo mítico y la idea de arte

Hasta aquí he venido desarrollando ampliamente la observación hecha por mí al comienzo de este tratado: cómo lo dionisíaco y lo apolíneo, dando a luz sucesivas criaturas siempre nuevas, e intensificándose mutuamente, dominaron el ser helénico: cómo de la edad de «acero», con sus titanomaquias y su ruda filosofía popular, surgió, bajo la soberanía del instinto apolíneo de belleza, el mundo homérico, cómo esa magnificencia «ingenua» volvió a ser engullida por la invasora corriente de lo dionisíaco, y cómo frente a este nuevo poder lo apolíneo se eleva a la rígida majestad del arte dórico y de la contemplación dórica del mundo. Si de esta manera la historia helénica más antigua queda escindida, a causa de la lucha entre aquellos dos principios hostiles, en cuatro grandes estadios artísticos: ahora nos vemos empujados a seguir preguntando cuál es el plan último de ese devenir y de esa agitación, en el caso de que no debamos considerar tal vez el último período alcanzado, el período del arte dórico, como la cumbre y el propósito de aquellos instintos artísticos: y aquí se ofrece a nuestras miradas la sublime y alabadísima obra de arte de la tragedia ática y del ditirambo dramático como meta común de ambos instintos, cuyo misterioso enlace matrimonial se ha enaltecido, tras prolongada lucha anterior, en tal hijo - que es a la vez Antígona y Casandra -.

IV. III La desmesura, la mesura y la consideración de lo bárbaro

«Titánico» y «bárbaro» parecíale al griego apolíneo también el efecto producido por lo dionisíaco: sin poder disimularse, sin embargo, que a la vez él mismo estaba emparentado también íntimamente con aquellos titanes y héroes abatidos. Incluso tenía que sentir algo más: su existencia entera, con toda su belleza y moderación, descansaba sobre un velado substrato de sufrimiento y de conocimiento, substrato que volvía a serle puesto al descubierto por lo dionisíaco. ¡Y he aquí que Apolo no podía vivir sin Dioniso! ¡Lo «titánico» y lo «bárbaro» eran, en última instancia, una necesidad exactamente igual que lo apolíneo! Y ahora imaginémonos cómo en ese mundo construido sobre la apariencia y la moderación y artificialmente refrenado irrumpió el extático sonido de la fiesta dionísiaca, con melodías mágicas cada vez más seductoras, cómo en esas melodías la desmesura entera de la naturaleza se daba a conocer en placer, dolor y conocimiento, hasta llegar al grito estridente: ¡imaginémonos qué podía significar, comparado con este demónico canto popular, el salmodiante artista de Apolo, con el sonido espectral del arpa! Las musas de las artes de la «apariencia» palidecieron ante un arte que en su embriaguez decía la verdad, la sabiduría de Sileno gritó ¡Ay! ¡Ay! a los joviales olímpicos. El individuo, con todos sus límites y medidas, se sumergió aquí en el olvido de sí, propio de los estados dionisíacos, y olvidó los preceptos apolíneos. La desmesura se desveló como verdad, la contradicción, la delicia nacida de los dolores hablaron acerca de sí desde el corazón de la naturaleza. Y de este modo, en todos los lugares donde penetró lo dionisíaco quedó abolido y aniquilado lo apolíneo. Pero es igualmente cierto que allí donde el primer asalto fue contenido, el porte y la majestad del dios délfico se manifestaron más rígidos y amenazadores que nunca. Yo no soy capaz de explicarme, en efecto, el Estado dórico y el arte dórico más que como un continuo campo de batalla de lo apolíneo: sólo oponiéndose de manera incesante a la esencia titánico-bárbara de lo dionisíaco pudieron durar largo tiempo un arte tan obstinado y bronco, circundado de baluartes, una educación tan belicosa y ruda, un sistema político tan cruel y desconsiderado.

IV. II Conocéte a ti mismo

Esta divinización de la individuación, cuando es pensada como imperativa y prescriptiva, conoce una sola ley, el individuo, es decir, el mantenimiento de los límites del individuo, la mesura en sentido helénico. Apolo, en cuanto divinidad ética, exige mesura de los suyos, y, para poder mantenerla, conocimiento de sí mismo. Y así, la exigencia del «conócete a ti mismo» y de «¡no demasiado!» marcha paralela a la necesidad estética de la belleza, mientras que la autopresunción y la desmesura fueron reputadas como los demones propiamente hostiles, peculiares de la esfera no-apolínea, y por ello como cualidades propias de la época pre-apolínea, la edad de los titanes, y del mundo extra-apolíneo, es decir, el mundo de los bárbaros. Por causa de su amor titánico a los hombres tuvo Prometeo que ser desgarrado por los buitres, en razón de su sabiduría desmesurada, que adivinó el enigma de la Esfinge, tuvo Edipo que precipitarse en un desconcertante torbellino de atrocidades; así es como el dios délfico interpretaba el pasado griego.

IV. Volver al principio de individuación

Acerca de este artista ingenuo proporciónanos alguna enseñanza la analogía con el sueño. Si nos imaginamos cómo el soñador, en plena ilusión del mundo onírico, y sin perturbarla, se dice a sí mismo: «es un sueño, quiero seguir soñándolo», si de esto hemos de inferir que la visión onírica produce un placer profundo e íntimo, si, por otro lado, para poder tener, cuando soñamos, ese placer íntimo en la visión, es necesario que hayamos olvidado del todo el día y su horroroso apremio: entonces nos es lícito interpretar todos estos fenómenos, bajo la guía de Apolo, intérprete de sueños, más o menos como sigue. Si bien es muy cierto que de las dos mitades de la vida, la mitad de la vigilia y la mitad del sueño, la primera nos parece mucho más privilegiada, importante, digna, merecedora de vivirse, más aún, la única vivida: yo afirmaría, sin embargo, aunque esto tenga toda la apariencia de una paradoja, que el sueño valora de manera cabalmente opuesta aquel fondo misterioso de nuestro ser del cual nosotros somos la apariencia. En efecto, cuanto más advierto en la naturaleza aquellos instintos artísticos omnipotentes, y, en ellos, un ferviente anhelo de apariencia, de lograr una redención mediante la apariencia, tanto más empujado me siento a la conjetura metafísica de que lo verdaderamente existente, lo Uno primordial, necesita a la vez, en cuanto es lo eternamente sufriente y contradictorio, para su permanente redención, la visión extasiante, la apariencia placentera: nosotros, que estamos completamente presos en esa apariencia y que consistimos en ella, nos vemos obligados a sentirla como lo verdaderamente no existente, es decir, como un continuo devenir en el tiempo, el espacio y la causalidad, dicho con otras palabras, como la realidad empírica. Por tanto, si prescindimos por un instante de nuestra propia «realidad», si concebimos nuestra existencia empírica, y también la del mundo en general, como una representación de lo Uno primordial engendrada en cada momento, entonces tendremos que considerar ahora el sueño como la apariencia de la apariencia y, por consiguiente, como una satisfacción aún más alta del ansia primordial de apariencia. Por este mismo motivo es por lo que el núcleo más íntimo de la naturaleza siente ese placer indescriptible por el artista ingenuo y por la obra de arte ingenua, la cual es asimismo sólo «apariencia de la apariencia». Rafael, que es uno de esos «ingenuos» inmortales, nos ha representado en una pintura simbólica ese quedar la apariencia despotenciada a apariencia, que es el proceso primordial del artista ingenuo y a la vez de la cultura apolínea. En su Transfiguración la mitad inferior, con el muchacho poseso, sus desesperados portadores, los perplejos y angustiados discípulos, nos muestra el reflejo del eterno dolor primordial, fundamento único del mundo: la «apariencia» es aquí reflejo de la contradicción eterna, madre de las cosas. De esa apariencia se eleva ahora, cual un perfume de ambrosía, un nuevo mundo aparencial, casi visionario, del cual nada ven los que se hallan presos en la primera apariencia - un luminoso flotar en una delicia purísima y en una intuición sin dolor que irradia desde unos ojos muy abiertos. Ante nuestras miradas tenemos aquí, en un simbolismo artístico supremo, tanto aquel mundo apolíneo de la belleza como su substrato, la horrorosa sabiduría de Sileno, y comprendemos por intuición su necesidad recíproca. Pero Apolo nos sale de nuevo al encuentro como la divinización del principium individuationis, sólo en el cual se hace realidad la meta eternamente alcanzada de lo Uno primordial, su redención mediante la apariencia: él nos muestra con gestos sublimes cómo es necesario el mundo entero del tormento, para que ese mundo empuje al individuo a engendrar la visión redentora, y cómo luego el individuo, inmerso en la contemplación de ésta, se halla sentado tranquilamente, en medio del mar, en su barca oscilante.

III. IV La voluntad y el mundo del arte

Aquí hay que manifestar que esta armonía, más aún, unidad del ser humano con la naturaleza, contemplada con tanta nostalgia por los hombres modernos, para designar la cual Schiller puso en circulación el término técnico “ingenuo”, no es de ninguna manera un estado tan sencillo, evidente de suyo, inevitable, por así decirlo, con el que tuviéramos que tropezarnos en la puerta de toda cultura, cual se fuera un paraíso de la humanidad: esto sólo pudo creerlo una época que intentó imaginar que el Emilio de Rousseau era también un artista, y que se hacía la ilusión de haber encontrado en Homero ese Emilio artista, educado junto al corazón de la naturaleza. Allí donde tropezamos en el arte con lo “ingenuo”, hemos de reconocer el efecto supremo de la cultura apolínea: la cual siempre ha de derrocar primero un reino de Titanes y matar monstruos, y haber obtenido la victoria, por medio de enérgicas ficciones engañosas y de ilusiones placenteras, sobre la horrorosa profundidad de su consideración del mundo y sobre una capacidad de sufrimiento sumamente excitable. ¡Más qué raras veces se alcanza lo ingenuo, ese completo quedar enredado en la belleza de la apariencia! Que indeciblemente sublime es por ello Homero, que en cuanto individuo mantiene con aquella cultura apolínea popular una relación semejante a la que mantiene el artista onírico individual con la aptitud onírica del pueblo y de la naturaleza en general. La “ingenuidad” homérica ha de ser concebida como victoria completa de la ilusión apolínea: es ésta una ilusión semejante a la que la naturaleza emplea con tanta frecuencia para conseguir sus propósitos. La verdadera meta queda tapada por una imagen ilusoria: hacia ésta alargamos nosotros las manos, y mediante nuestro engaño la naturaleza alcanza aquélla. En los griegos la “voluntad” quiso contemplarse a si misma en la trasfiguración del genio y del mundo del arte: para glorificarse ella a sí misma, sus criaturas tenían que sentirse dignas de ser glorificadas, tenían que volver a verse en una esfera superior, sin que ese mundo perfecto de la intuición actuase, como un imperativo o como un reproche. Esta es la esfera de la belleza, en la que los griegos veían sus imágenes reflejadas como en un espejo, los Olímpicos. Sirviéndose de este espejismo de belleza luchó la “voluntad” helénica contra el talento para el sufrimiento y para la sabiduría del sufrimiento, que es un talento correlativo del artístico: y como memorial de su victoria se yergue ante nosotros Homero, el artista ingenuo.

III. IIIEl arte y prometeo

¿Qué relación mantiene el mundo de los dioses olímpicos con esta sabiduría popular? ¿Qué relación mantiene la visión extasiada del mártir torturado con sus suplicios?
Ahora la montaña mágica del Olimpo se abre a nosotros, por así decirlo, y nos muestra sus raíces. El griego conoció y sintió los horrores y espantos de la existencia: para poder vivir tuvo que colocar delante de ellos la resplandeciente criatura onírica de los Olímpicos. Aquella enorme desconfianza frente a los poderes titánicos de la naturaleza, aquella Moira que reinaba despiadada sobre todos los conocimientos, aquel buitre del gran amigo de los hombres, Prometeo,  aquel destino horroroso del sabio Edipo, aquella maldición de la estirpe de los Atridas que compele a Orestes a asesinar a su madre, en suma, toda aquella filosofía del dios de los bosques, junto con sus ejemplificaciones míticas, por la que perecieron los melancólicos etruscos, -fue superada constantemente, una y otra vez, por los griegos, o, en todo caso encubierta y sustraída a la mirada, mediante aquel mundo intermedio artístico de los Olímpicos. Para poder vivir tuvieron los griegos que crear, por una necesidad hondísima estos dioses: esto hemos de imaginarlo sin duda como un proceso en el que aquel instinto apolíneo de belleza fue desarrollando en lentas transiciones, a partir de aquel originario orden divino titánico del horror, el orden divino de la alegría: a la manera como las rosas brotan de un arbusto espinoso. Aquel pueblo tan excitables en sus sentimientos, tan impetuoso en sus deseos, tan excepcionalmente dotado para el sufrimiento, ¿de qué otro modo habría podido soportar la existencia, si en sus dioses ésta no se le hubiera mostrado circundada de una aureola superior? El mismo instinto que da vida al arte, como un complemento y una consumación de la existencia destinados a inducir a seguir viviendo, fue el que hizo surgir también el mundo olímpico, en el cual la “voluntad” helénica se puso delante un espejo tranfigurador. Viviéndola ellos mismo es como los dioses justifican la vida humana -¡única teodicea satisfactoria! La existencia bajo el luminoso resplandor solar el autentico dolor de los hombres homéricos se refiere a la separación de esta existencia, sobre todo a la separación pronta: de modo que ahora podría decirse de ellos, invirtiendo la sabiduría silénica, “lo peor de todo es para ellos el morir pronto, y lo peor en segundo lugar el llegar a morir, alguna vez”. Siempre que resuena el lamento, éste habla del Aquiles “de corta vida”, del cambio y paso del genero humano cual hojas de árboles, del ocaso de la época heroica. No es indigno del más grande de los héroes el anhelar seguir viviendo, aunque sea como jornalero. En el estadio apolíneo la “voluntad” desea con tanto ímpetu esta existencia, el hombre homérico se siente tan identificado con ella, que incluso el lamento se convierte en un canto de alabanza de la misma.

III. IILo divino lo humano

Quien se acerca a estos Olímpicos llevando en su corazón una religión distinta y busque en ellos altura ética, más aún, santidad, espiritualización incorpórea, misericordiosas miradas de amor, pronto tendrá que volverles las espaldas, disgustado y decepcionado. Aquí nada recuerda la ascética, la espiritualidad y el deber: aquí nos habla tan sólo una existencia exuberante, más aún, triunfal, en la que está divinizado, todo lo existente, lo mismo si es bueno que si es malo. Y así el espectador quedará sin duda atónito antes este fantástico desbordamiento de vida y se preguntará qué bebedizo mágico tenían en su cuerpo esos hombres altaneros para gozar de la vida de tal modo que a cualquier lugar a que mirasen tropezaban con la risa de Helena, imagen ideal de su existencia, “flotante en una dulce sensualidad”. Pero a este espectador vuelto ya de espaldas tenemos que gritarle: no te vayas de aquí, sino oye primero lo que la sabiduría popular griega dice de esa misma vida que aquí se despliega ante ti con una jovialidad tan inexplicable. Una vieja leyenda cuenta que durante mucho tiempo el rey Midas había intentado cazar en el bosque al sabio Sileno, acompañante de Dioniso, sin poder atraparlo. Cuando por fin cayó en sus manos, el rey pregunta qué es lo mejor y más preferible para el hombre. Rígido e inmóvil calla el demón; hasta que forzado por el rey, acaba prorrumpiendo en estas palabras, en medio de una risa estridente: “Estirpe miserable de un día, hijos del azar y de la fatiga, ¡por qué me fuerzas a decirte lo que para ti sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor en segundo lugar es para ti -morir pronto.”

III. I. El surigimiento de los seres olímpicos

Para comprender esto tenemos que desmontar piedra a piedra, por así decirlo, aquel primoroso edificio de la cultura apolínea, hasta ver los fundamentos sobre los que se asienta. Aquí descubrimos en primer lugar las magníficas figuras de los dioses olímpicos, que se yerguen en los frontones de ese edificio y cuyas hazañas, representadas en relieves de extraordinaria luminosidad, decoran sus frisos. El que entre ellos está también Apolo como una divinidad particular junto a otras y sin la pretensión de ocupar el primer puesto es algo que no debe inducirnos a error. Todo ese mundo olímpico ha nacido del mismo instinto que tenía su figura sensible en Apolo, y en este sentido nos es lícito considerar a Apolo como padre del mismo. ¿Cuál fue la enorme necesidad de que surgió un grupo tan resplandeciente de seres olímpicos?

Clase del 06 de septiembre


Cintya 3                    Andrès  4
Estefanía 3                Stephanny 4
Yamith 3                   Julliana   4
Sirley 3                     Osmer   4
Camila 3                   Melissa    4
Kelly 3                     Cristian     4
Juan Fer    3                Lina        4
Rebuén D   3              Daniea    4
                                   Elizabeth A, 4